“Soy Hugo Rojas, atravesado por otras diversidades, pero autoreconocido como kamba, negro. Soy artista de la danza nacido en la capital paraguaya, Asunción, pero criado en la ciudad de San Lorenzo, urbanamente muy similar a la capital, pero aún respira aires de campo. En la actualidad trabajo como bailarín en varios elencos, de varios lenguajes, entre ellos el Ballet Folklórico Nacional, también soy docente en algunos estudios de danza e institutos superiores, estudiante universitario en Educación, creador independiente con interés en historias y comunidades afros del territorio paraguayo.”

«Mi interés por la residencia: Primero que nada ponerle ‘cuerpo presente’ a un proceso lleno de diálogos, encuentros virtuales, cruces impensados por Latinoamérica que se fueron dando en el transcurso del tiempo entre los artistas residentes, al fin coincidir en espacio físico. Y qué mejor siguiendo esos  diálogos, preguntas, coincidencias, reflexionando sobre nuestras experiencias, para a partir de cada propuesta, sin la peculiar y normal preocupación de producir algo, sino encontrarnos, mirarnos, palparnos, sentirnos, querernos, afectarnos, por el cuerpo, por el espacio, por los ‘otros espacios’. Simplemente, qué sucederá en este (re)encuentro, lo descubriremos en Riobamba.”

“Mi creación/investigación titulada ‘Territorios otros’ se basa  observación de estos ‘espacios otros’ que en el cotidiano mantienen una funcionalidad social – cultural, además de una carga simbólica que se traduce en sus formas de ver, pensar y actuar en la vida, pero con el tiempo fueron evolucionando hacia otras formas debido a múltiples factores y que igualmente en su esencia inicial se mantienen, configurándose como ‘otros espacios’.”

Hugo Rojas participa de la residencia Balao en la montaña gracias al apoyo de Iberescena, la Secretaría de Cultura de Paraguay, la Embajada de Paraguay en Ecuador, el Festival Crear en Libertad y la Asociación Cultural Crear en Libertad.

BALAO EN LA MONTAÑA – Programa 2024

La paradoja del río y el árbol

Somos seres que permanecemos y fluimos a la vez. Dos conceptos opuestos, pero que en nuestra propia realidad de residentes, de humanos se encuentran, chocan, dialogan y sobreviven.

El agua de los ríos nos enseña que quedarnos estancados no es una opción, sino correr, recorrer, descansar en algún remanso, continuar, a veces precipitadas, otras veces más tranquilas, pero siempre continuar. Vamos en horizontal.

Los árboles nos enseñan a permanecer, quietos, en algún lugar, observar, echar raíz para sostenernos, para nutrirnos, para recordar. Pero a la vez crece en vertical hacia más allá, hasta donde nos permitamos, conectarnos con lo que está por encima de nosotros, crecer. Una fuerza en oposición, hacia arriba y hacia abajo. Vamos en vertical.

Y ahí encontramos ese cruce que nos mueve, atraviesa, nos sitúa desde otro lugar, desde territorios otros.

Territorios otros fue una propuesta que definitivamente se fue construyendo a la par de la experimentación. Con ciertas pautas que sirvieron de pretexto para habitar un espacio a elección de cada uno, y posibilitó, a ellos y a quienes acompañamos, adentrarnos en un universo cargado de mucha emotividad, sensibilidad y desafío. Lo principal de esta experiencia era dejarnos atravesar por lo que cada espacio no proponía, dialogar, no encontrar nada, sí fluir, leer lo que tenía para nosotros y afectarnos por él.

El espacio en el que nos desenvolvemos nuestras prácticas, son tan importantes y determinantes a la hora de comunicar algo en la creación. Salir a la naturaleza viva, coexistir con ella, habitarla para la creación artística y no artística, ayudó a dar cuenta de qué buscamos, qué queremos comunicar, cómo queremos comunicar (claro que, desde el cuerpo, pero en relación a qué tipo de espacio), a qué queremos llegar. Ayudó a darnos cuenta de la intrínseca relación entre cuerpo-movimiento-espacio-naturaleza, y darle importancia  y el valor necesario dentro de nuestra existencia artística personal.